Túnez, se encuentra en el norte de África, ofreciendo un impresionante contraste por su situación entre el Mar Mediterráneo y el desierto del Sahara. La oferta turística de Túnez es muy variada, concentrándose en turismo de playa, relax, cultural y de aventura.
El sur tunecino es la zona más típica del país por excelencia. Allí todo tiene un sabor diferente, es la autenticidad y la originalidad: el paisaje y el clima están en continua armonía. Algunos de los lugares más destables de la zona son:
TOZEUR
Tozeur es el oasis de Túnez por excelencia y es mundialmente conocido por sus magníficos palmerales que ocupan más de mil hectáreas de terreno. Más allá de este extraordinario espacio conformado por infinidad de palmeras, aparece el gran lago salado de Chott el Djerid y a continuación la inmensidad del desierto.
Un paseo por la ciudad, nos lleva a descubrir el encanto de la Medina con sus calles siempre estrechas y oscuras o el famoso Museo de Arte y tradiciones de Dar Cheraiet emplazado en el interior de un hermoso palacio y donde es posible contemplar una gran variedad de pinturas, cerámicas, armas, joyas, etc.
Chebika y Tamerza: son los oasis de montañas, unos palmerales que están esparcidos entre las montañas del Atlas, su paisaje ofrece un contraste muy llamativo entre el desierto y el color verde de las palmeras. También se aprecian sus fuentes de agua y manantiales que terminan formando cascadas en algunos puntos de la zona.
Oung El Jemel: bellas y enormes dunas de arena donde se grabó la guerra de las Galaxias. Es interesante disfrutar en esta zona del sosiego del desierto y de la quietud durante la puesta del sol.
Las Casas trogloditas de Matmata: una de las regiones más llamativas de todo Túnez es MATMATA. Situada al sur de Gabes y habitada por tribus bereberes, esta insólita región presenta un paisaje casi irreal y sorprende por sus viviendas subterráneas o excavadas en los valles. Las casas son cálidas en invierno y frescas en verano, están construidas en varios niveles y su mobiliario es muy austero. Bajando por una especie de túnel, se llega a un pozo circular, en torno al cual se han ido excavando las salas y los depósitos para el grano.
DOUZ, dunas y palmeras
El mercadillo del jueves es muy original, los beduinos y nómadas dejan el desierto y se acercan al pueblo para ofrecer sus mercancías y sus productos: animales (camellos y cabras), pieles de animales, cestos, babuchas y calzado del desierto, kelimes, djelabas y turbantes. Estos nómadas aprovechan la ocasión para comprar productos alimenticios y volver a meterse otra vez en el desierto.
FATNASSA
Al finalizar el lago salado de Chott El Djerid, merece la pena asomarse a las dunas de Fatnassa, donde se pueden admirar sus dunas consolidadas y sus manantiales de agua caliente, su suelo se consolida porque es una mezcla de yeso, sal y arena.
KSAR HADADA
Al sur de Tatauin, Ksar Hadada aún extiende sus ghorfas, los graneros de una planta para cereales. Las cúpulas redondeadas de los tejados y los contrafuertes con arbotantes que sostienen los muros son típicos de la arquitectura bereber. Se pasa de un nivel a otro mediante escaleras escaladas. No dudes en subir a las terrazas para disfrutar del paisaje circundante.
KSAR GUILENE
Es un fantástico oasis en medio de la arena, con una balsa termal, donde poder disfrutar de un relajante baño y con multitud de entretenimientos: quads, paseos en camellos, cafés bajo las palmeras, etc.
MEDENINE
La antigua ciudad fortificada de Medenine está junto a la ciudad moderna. Se encuentra situada en alto y se compone de ghorfas o graneros que se ordenan en torno a dos plazas principales. Estos almacenes también pueden servir de morada. A principios de siglo hubo hasta 6.000. Las ghorfas formaban entonces superestructuras que alcanzaban hasta seis plantas. Sus siluetas redondeadas características y sus pequeñas aberturas se asemejan a túneles apilados que toman los colores del desierto.
CHENINI
Una sorprendente ciudad bereber, se encuentra encaramada a un escollo rocoso, y parece desde lejos estar totalmente integrada en el marco natural en el que se encuentra. A medida que nos acercamos, se distinguen las viviendas que se apiñan unas contra otras, ajustándose a las formas abruptas de la montaña. Estas casas, que poseen estrechas aberturas, ofrecen un dédalo de pasajes que desembocan sobre pequeños patios o terrazas desde los cuales hay vistas magníficas.