Tanzania es un país de extensas y abiertas llanuras que harán sentirse al visitante muy pequeño, y en ese instante entrará a formar parte de una de las mayores poblaciones de fauna salvaje del mundo. Elefantes, ñus, monos, antílopes, leones, leopardos, cocodrilos, gacelas, flamencos... una larga lista que ha conocido en Tanzania la despiadada mano de los cazadores blancos -aunque en la actualidad prefieren las cámaras a las armas-. A pesar de una economía pobre agravada por alborotados vecinos y gobiernos coloniales oportunistas, Tanzania posee una de las mejores zonas del continente para la observación de la vida salvaje. Parques famosos como el del Serengeti y el Kilimanjaro, o el maravilloso cráter del Ngorongoro hacen que merezca la pena repostar en algunas de sus monótonas ciudades. Debe añadirse el atractivo apéndice del país: Zanzíbar, una de las islas de la costa tanzana, y antiguo centro de especias del que emanan exóticas y perfumadas aguas de baños persas.
En Tanzania se han encontrado algunos de los asentamientos humanos más antiguos, incluyendo los de la garganta de Olduvai donde se han encontrado las huellas humanas más antiguas (3,6 millones de años) en Laetoli. En esta garganta se encontraron restos de Australopithecus y Paranthropus; Tanzania es uno de los países en que se cree que aparecieron los primeros seres humanos.
Desde antaño, Tanzania recibió la visita de comerciantes extranjeros, primero persas y luego árabes (que llamaron a la Tanzania continental Azania, 'Tierra de negros'). Éstos buscaban especialmente especias, esclavos y marfil, y con el tiempo acabaron fundando colonias en la costa como la isla de Zanzíbar, Kilwa o Pemba, que servían de puerto de embarco y desembarco de todo tipo de mercancías y finalmente acabaron convirtiéndose en una serie de pequeños sultanatos independientes habitados por mestizos árabo-africanos. En el siglo XVI, Portugal conquistó Zanzíbar y dominó la región durante un siglo. En el siglo XVIII, la costa fue anexionada por Omán, aunque en 1832 se independizó como un sultanato con capital en Zanzíbar, gobernado por la dinastía Omani. En las décadas siguientes, Zanzíbar entró en decadencia debido a la competencia de los tratantes europeos y hubo de evacuar poco a poco sus dominios en las costas del continente. Finalmente, la isla de Zanzíbar pasó a formar parte del Imperio Británico en 1896, tras una guerra de 38 min., la más corta de la Historia.
En Tanzania hay 127 idiomas. El 90% de la población habla una lengua bantú; además se hablan lenguas nilóticas, lenguas cusitas y principalmente en Zanzíbar el árabe. De iure no hay un idioma oficial, pero el suajili es el idioma nacional, que se usa como lengua franca y lengua administrativa, y por eso se puede considerar idioma oficial de facto. Durante la era colonial el inglés se usaba como lengua administrativa, pero ahora ya no se usa en la administración pública, en el parlamento o en el gobierno,[2] y por eso no es idioma oficial genuino. Así Tanzania es uno de los pocos países africanos en los que un idioma vernáculo cobró importancia frente al idioma colonial. Pero el inglés todavía se usa en los tribunales más altos,[2] y por eso se puede considerar idioma oficial en sentido lato.
Según la política lingüística oficial de Tanzania, como se promulgó en 1984, el suajili es el idioma del sector social y político, de la educación primaria y de la educación de la personas adultas; el inglés es prevido para la educación secundaria y universitaria, para los tribunales más altos y para la tecnología. Aunque el uso del inglés en Tanzania es promocionado por el gobierno británico con importes grandes, el inglés fue reprimido poco a poco por la sociedad tanzana en las décadas pasadas. Por ejemplo en los años setenta los estudiantes tanzanos normalmente hablaban el inglés entre sí; ahora casi sólo hablan en suajili. Hasta en las clases de las escuelas secundarias y las universidades, donde oficialmente sólo el inglés es permitido, a veces se usa el suajili o una mezcla entre suajili e inglés.
Ngorongoro
Hay sitios en el mundo que sobresalen por su gran belleza natural o por su fascinante cultura y los hay desde luego, otros que conjugan las dos condiciones al mismo tiempo. Un claro ejemplo de ello, es el cráter del Ngorongoro, situado al norte de Tanzania y a algunos kilómetros del Parque Nacional Serengueti, una de las mayores reservas ecológicas del continente.
El Ngorongoro es un majestuoso volcán de 20 kilómetros de extensión y 600 metros de altura, enclavado en el corazón de la sabana y que debido a su inactividad casi milenaria, alberga en el interior de su cráter una importante reserva de animales salvajes tale como cebras, gacelas, búfalos, elefantes, antílopes, flamencos rosados y blancos y rinocerontes negros.
Para llegar hasta este maravilloso escenario natural, hay que contratar obligadamente una excursión guiada en la ciudad de Arusha (urbanización más próxima a la reserva) ya que no está permitido el acceso al parque de personas por su propia cuenta, dado que es necesario no sólo que conozcan el camino, sino además, que tengan una serie conocimientos en lo que a comportamiento animal respecta, ya que al ser un bioma tan extenso, en cualquier lugar pueden aparecer animales salvajes y provocar una fatalidad si no se sabe de qué manera reaccionar.
Generalmente las excursiones comienzan a la mañana apenas sale el sol, y luego de ingresar al parque en el jeep de la agencia, se comienza con el ascenso acompañado por guardaparques y lugareños que conocen el camino como la palma de su mano. Luego de casi una hora y media de caminata, se llega al cráter y desde allí se tiene una de las mejores vistas no solo del interior del volcán sino de la fascinante combinación de lagos, bosques y salinas que se ubican en la base del mismo y que alcanzan su máximo esplendor cuando se las aprecia desde aquellas alturas.
Pero más allá de la belleza natural, lo que más fascina a los viajeros que llegan hasta este lugar, es la posibilidad de relacionarse con los nativos masai, uno de los grupos étnicos más importantes que habitan en la base del volcán y que generalmente se encuentran pastoreando las ovejas, enfundados en sus típicas túnicas rojas y con unos llamativos collares de marfil, que los usan a modo de adorno tanto en el cuello como en la cabeza.
Si eres un fanático de los safaris y del contacto con la vida salvaje, cuando planees un viaje al continente africano no dejes de considerar una visita a este imponente e increíble escenario natural.
Serengeti
Con 13 mil kilómetros cuadrados, el Parque Nacional Serengueti cubre una amplia extensión del territorio de Tanzania, en África. Es bien conocido entre los aficionados al ecoturismo y al avistaje de aves por la migración anual de los miles de ñus, que generan un espectáculo impactante.
El parque fue creado para proteger a los "cinco grandes animales" que los cazadores bautizaron de esa forma hace años, y que se encuentran en serio peligro por la persecución que han sufrido históricamente. Se trata de especies muy preciadas por sus pieles o su marfil: leones, leopardos, elefantes, rinocerontes y búfalos del Cabo se pasean libremente, protegidos de todo riesgo.
Pero no son los únicos que habitan el lugar. Comparten el territorio con hienas, guepardos, cebras, aves rapaces y otros muchos animales que forman parte del ecosistema del Serengueti, también compuesto por la Zona de conservación de Ngorongoro, limítrofe con el Parque Nacional.
Cerca de allí, es posible visitar la Garganta de Olduvai, un lugar de belleza arrebatadora y de gran importancia arqueológica. Fue el lugar en que se hallaron numerosos fósiles y artefactos de los antepasados del hombre.
Desde el año 1981, el Parque Nacional Serengueti fue incluido en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Actualmente es el más famoso y extenso de Tanzania, y sus paisajes son la auténtica postal de la vida salvaje del África, esa que nos conmueve con su grandeza y su mística.
El río Grumeti atraviesa el territorio del parque, en el Corredor Oeste. Allí es donde se sitúan los visitantes que quieren observar la migración de ñus (pero también de las gacelas y de las cebras) a través del río, que tiene lugar en abril, mayo y junio hacia las montañas del este y del norte, y en octubre y noviembre hacia las planicies del sur.
Lago Manyara
El Lago Manyara es un parque pequeño de sólo 330 kilómetros cuadrados de los cuales 200 ocupa el lago cuando tiene su caudal a pleno. Está ubicado a 2 horas de camino en la ruta de Arusha (en el norte de Tanzania) y en el camino hacia el Parque Nacional Serengeti y el Crater Ngorongoro (de los cuales hablamos días pasados en esta serie). Su principal atractivo son los elefantes aunque su biodiversidad nos habla de grandes mamíferos (jirafas, leopardos, leones, hipopótamos) y más de 400 especies de aves incluyendo una enorme población de flamencos, así como cormoranes y cigüeñas.
El Lago Manyara es una joya que se extiende por 50 kilómetros y que sufre dramáticas transformaciónes a lo largo del año. Su fisonomía cambia totalmente de la estación de lluvias a la seca.
Durante los meses de julio a octubre, la estación seca baja notablemente el nivel del lago y los grande mamíferos deben acercarse más a por agua. Entonces es más frecuente ver a los dueños del lugar: los elefantes y a leones y leopardos merodeando a los búfalos y jirafas que llegan a beber.
Las lluvias llegan en noviembre y hasta el mes de junio aportan grandes cantidades de agua al caudal del lago. Es el momento ideal para la observación de aves.
Tarangire
El Tarangire está situado en el Norte de Tanzania, al Sur del cráter de Ngorongoro y muy cerca del lago Manyara. Forma parte por lo tanto del llamado "Circuito Norte" de Tanzania. Probablemente es el más desconocido, junto con el Parque Nacional de Arusha, de los Parques de dicho circuito. Llegar a Tarangire es un corto y cómodo viaje por buena carretera de algo menos de dos horas desde la ciudad de Arusha, la llamada capital de los safaris del Norte de Tanzania.
Tarangire es un Parque muy extenso, de aproximadamente unos 2.600 km². Sin embargo por lo general tan solo se visita la mitad Norte, ya que la mitad Sur es muy pantanosa y apenas hay pistas. El ecosistema de este Parque lo marca el río Tarangire, que lo cruza de Norte a Sur. La abundancia de agua en Tarangire hace que en la época seca atraiga a muchos animales de las zonas circundantes como las Reservas de Caza de Mto wa Mbu y Simanjiro. Se produce una pequeña migración, no tan grande como la del ecosistema Serengeti-Mara pero que hace que entre agosto a noviembre sean los meses más atractivos para visitar el Tarangire.
El paisaje, además de los ya mencionados baobabs, se caracteriza por ser suaves planicies arboladas, en las que además de baobabs hay árboles de ébano y caoba, albicias, tamarindos, higueras, acacias paraguas, candelarias y palmera de sabana. La vegetación es más abundante en las riberas del Tarangire, siendo muy característica esa combinación de palmeras y baobabs.
En cuanto a la fauna, si algo destaca de este Parque es la abundancia de elefantes. Además al ser tierras bajas y por tanto más calurosas, es posible ver leones descansando en las ramas de los árboles, algo que no es frecuente en la mayor parte de África. Además de jirafas, búfalos, leopardos, guepardos, impalas, cebras y otras especies habituales, es posible ver cierto tipo de fauna ausente en el resto del circuito Norte como el kudu menor, el orix o incluso el antílope sable. Siempre me ha llamado la atención cada vez que he ido la enorme cantidad de babuinos.